Desde el año pasado mis hijos empezaron su primera colección de cromos. Siempre tuve mis dudas sobre las colecciones de cromos: impregnan de consumismo la vida de los niños, se manejan por modas impuestas, son un gasto de recursos ecológicos importante y suponen una inversión considerable.

Sin embargo hoy, leyendo el libro "I learn better by teaching myself. Still teaching ourselves" de Agnes Leistico (un libro muy tentador, por cierto), este párrafo me ha hecho verlo de otra forma:

La autora nos está relatando cómo su hijo, interesado por encontrar un empleo juvenil acude a una entrevista a una biblioteca:

"Fue a su entrevista. Tras media hora de hablar con el, el director de la biblioteca y su asistente le llevaron hasta un carro cargado de tarjetas de libros devueltos. Le dijeron que clasificara los libros por categorías. Cuando volvió a casa, Jim me dijo, 'Esta parte fue fácil porque era igual que clasificar mi colección de cromos de baseball'. el tiene miles de cromos de baseball clasificados en muchas cajas y sabe exactamente donde está cada cromo y su valor."

Me he dado cuenta de la cantidad de aprendizajes que han llegado con la colección de cromos como centro de interés:
- Economía básica: aprender a ahorrar dinero, a gestionarlo y a darle valor
- Matemáticas: unido por un lado a la economía básica, también el manejo de cifras, comparativas, secuencias...
- Capacidad de gestión de información y de clasificación
- Valor social: muchas colecciones comienzan con amigos que les regalan como un tesoro sus cromos repetidos sobrantes y luego ellos han hecho lo mismo con sus cromos repetidos. El centro de interés compartido a la hora de hacer los intercambios.
- Abre un mundo creativo y de imaginación
- Algunas ofrecen informaciones curiosas que pueden abrir centros de interés.
- Lectura, lectura y más lectura.
- Cuidado por las cosas. Y es que su colección de cromos es tan preciada para ellos...
Por nombrar lo más evidente.

Inevitablemente me he puesto a recordar con muchísimo cariño y añoranza aquella increíble colección de Vida y Color que tenía mi hermano cuando yo era pequeña, la encontraba más interesante que cualquier libro que hubiese contenido la misma información y recuerdo que pasaba largos ratos leyendo y mirando esas imágenes que me llevaban a mundos lejanos, que me hablaban de animales y plantas exóticas o que me permitían ver el esqueleto humano con ojos voraces.

Sí que es cierto que una colección de cromos requiere que los padres y madres nos preguntemos hasta qué punto vamos a ser capaces de establecer unas normas que no conviertan la compra de cromos en un hábito compulsivo y consumista, lo cual no es fácil, os lo aseguro, pero no imposible.

También pesa mucho en su contra su impacto medioambiental. Claramente los materiales que se utilizan hoy en día para la elaboración de los álbumes, los cromos y los sobres no ayudan en este aspecto.



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