Un nuevo estudio de la Universidad de Montreal realizado entre niños de 7 a 11 años (mediante entrevistas y fotografías en su tiempo libre) revela que, para los niños, el jugar no tiene una meta, es un fin en sí mismo, una actividad que es divertida, tanto solo como con amigos, y representa "una oportunidad de experimentar emoción o placer, pero también de combatir el aburrimiento, la tristeza, el miedo o la soledad."

Quedó claro que la toma de riesgos es una parte integral de las preferencias de los juegos infantiles. 

"Permitir a los niños a asumir riesgos aceptables mientras siguen vigilados es claramente beneficioso para su desarrollo."

"Un énfasis excesivo en la seguridad puede contribuir a la aparición de una generación de jóvenes que son cada vez menos capaces de hacer frente a lo imprevisible."

Dr. Stephanie Alexander

En resumen, los investigadores identificaron cuatro dimensiones del juego de especial importancia para los niños:

* El juego como un fin en sí mismo (los niños juegan por diversión, no para hacer ejercicio o para el desarrollo de su salud mental y habilidades sociales);
* El juego no es necesariamente activo (muchos niños también pueden disfrutar de los juegos más sedentarios);
* Los niños sienten una cierta ambigüedad sobre las actividades lúdicas programadas (los niños tienen poco tiempo para el juego libre); y
* El riesgo se considera un componente placentero de su juego.


Referencia de la revista:
S. A. Alexander, K. L. Frohlich, C. Fusco. Problematizing "Play-for-Health" Discourses Through Children's Photo-Elicited Narratives. Qualitative Health Research, 2014; 24 (10): 1329 DOI: 10.1177/1049732314546753

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