Hemos descubierto dos joyas, una de Astrid Lindgren y otra de Barbara McClintock. Ambas son dos autoras de cuentos increíbles, con una imaginación desbordante y en la que las niñas (sobretodo, más que los niños) tienen el poder de convertir su mundo en mágico.

Los dos cuentos están protagonizados por muñecas que se convierten en compañeras ideales de juego.

La primera es MIRABELLE de Astrid Lindgren y ilustrado por Pija Lindenbaum.



Britta es una niña que desea con todo su corazón tener una muñeca con la que jugar, vive sola con sus padres y no se pueden permitir lujos de este tipo. Un día que está esperando en el camino que vuelvan sus padres del mercado, ayuda a un viajero a pasar la cerca. Como recompensa, le regala una semilla, sin saber de qué servirá.
Britta planta sus semilla con mucho amor y la cuida con esmero. Con paciencia espera a ver qué saldrá de ella y, oh! sorpresa!, es una muñeca. Evidentemente no es una muñeca cualquiera, nuestra protagonista sabe hablar, caminar, jugar y es además muy atrevida.

Lo cierto es que Mirabelle es una muñeca con mucha personalidad, las expresiones dibujadas por Pija Lindenbaum a veces pintan a la pequeña muñeca con expresiones difíciles de identificar: ¿está enfadada o es que está resuelta a tirarse desde un sitio alto? Sin embargo el cuento es tan absurdo y encantador que fascinó a mis hijos por completo.




La segunda es DAHLIA de Barbara McClintock.



"Era una hermosa y azulada mañana. Charlotte y Bruno estaban haciendo pasteles de barro cuando la mamá de Charlotte la llamó.
Había un paquete para Charlotte. Dentro había una muñeca."

Sin embargo, resulta que Charlotte no es una niña a la que le gusten las muñecas y Bruno es, ni más ni menos, que su osito de peluche. Una especie de amigo de aventuras.
Charlotte se lleva a la muñeca a la habitación y le deja bien clarito lo que puede esperar de ella:

"A nosotros nos gusta escavar en la tierra y escalar árboles"
"Nada de fiestas de te, nada de ser empujados en cochecitos con volantes. Tendrás que acostumbrarte a la forma que tenemos nosotros de hacer las cosas"


Charlotte se divierte jugando con Bruno y Dahlia, el nombre que le pone a la muñeca. Cuanto más atrevido es el juego, mejor se lo pasa y no es para menos! Juegan fuera, se ensucian, juegan a "juegos de chicos" y la muñeca acaba hecha un cisco, pero feliz.

Aunque en ningún momento de la historia se deja entrever que la muñeca ha cobrado vida, McClintock sabe retocar mínimamente su cara para hacerla expresiva y dejar el tema en manos de la imaginación del lector.

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